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Lo erótico socialmente y culturalmente

Lo erótico socialmente y culturalmente
Cuando una persona resulta atractiva provoca deseos de besarla, acariciarla, tocarla, etc., fundamental para aumentar el contenido erótico que le damos a su cuerpo.

Otras veces éste nos resulta atractivo en sí mismo, sin que conozcamos nada más de la persona, porque se asemeja a nuestra idea de lo bello o deseado, pero la gran mayoría de las veces es el conjunto de la persona, con sus gestos, manera de ser, de hablar, de comportarse, lo que va cargando de connotaciones eróticas ese cuerpo.

Lo que no ocurre casi nunca es que un cuerpo resulte atractivo por su pene o su vagina de manera aislada y sin embargo son las partes que más pueden llegar a obsesionar en una relación sexual, concentrando allí la gran mayoría de las caricias, besos, etc. olvidándose que el resto del cuerpo es capaz de sentir y dar
placer.

Cuando se mantienen relaciones sexuales hay cosas que gustan más o menos, caricias que producen más placer, días que apetecen más, etc. y todo esto hay que descubrirlo y expresarlo individualmente así como con las personas con las que se comparten las experiencias.

Cada cultura y cada momento histórico marcan lo que algunos denominan Códigos Eróticos, es decir, aquello que se considera normal a nivel erótico.

Nuestra cultura ofrece un carácter muy restringido y perjudicial para el desarrollo de nuestro cuerpo de forma erótica ya que los medios de comunicación y la publicidad proponen unos cuerpos de unas determinadas dimensiones, formas, tamaños y nos presentan un modelo de lo atractivo y deseado.

Éstos modelos no recogen la variedad de cuerpos con los que se conviven, lo que puede hacer que en ocasiones se infravalore la capacidad de provocar deseo, creando sentimientos de incomodidad ante la desnudez en momentos de intimidad además de condicionar lo que resulta atractivo de los/as demás.

Esto influye en gran medida en las relaciones sexuales, limitando la capacidad de disfrutar, de dar y recibir placer, inhibiendo y a veces incluso frustrando. Vivir con la globalidad del cuerpo y entender que es cuando lo tocamos, lo mimamos y lo besamos, cuando alcanza su esplendor en sentido erótico, nos puede ayudar a disfrutar de una manera más satisfactoria de nuestra sexualidad.

Por otro lado, no solo el cuerpo puede resultar erógeno, las situaciones, los contextos, las palabras..., pueden cargar de erotismo determinados momentos y encuentros sexuales. Conversaciones, miradas insinuantes, gestos, olores..., son esenciales para provocar el deseo y aumentar el placer.

Cada persona debe conocer y buscar aquellos aspectos que le resulten eróticos, ya que no son iguales para todo el mundo y pueden variar a lo largo de la vida. Es importante descubrir lo que le gusta a uno/a mismo/a y a la pareja para aumentar el placer y disfrutar de las relaciones sexuales.

Fuente Nueva Radio Ya
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