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Tener sexo con calcetines puestos aumenta 30% la posibilidad de alcanzar un orgasmo

Tener sexo con calcetines puestos aumenta 30% la posibilidad de alcanzar un orgasmo
En el imaginario erótico los calcetines están lejos de ocupar -tal vez por razones evidentes- el sexy lugar que ocupa un calzón en miniatura o un sostén con encajes.

Sin embargo, un estudio de la Universidad de Groningen concluye que hay que dar un giro erótico a esta prenda “matapasiones” y adoptarla en cada encuentro, debido a que su uso durante el acto sexual incrementa hasta en un 30% las probabilidades de alcanzar un orgasmo.

Todo nació de pura casualidad, cuando el doctor Gerst Holstege, investigador de la universidad holandesa, se encontraba examinando con un escáner de emisión de positrones (TEP) -sepa el señor Moya en qué consiste esta maquinita- los cerebros de 13 mujeres y 11 hombres cuando experimentaban un orgasmo en tiempo real.

Según contaba el médico al diario “El Pais Semanal”, cada persona se colocaba bajo el escáner mientras su pareja le masturbaba. “No hicieron el amor, ya que esto resultaba técnicamente imposible. En el escáner hay sólo espacio para una persona”, observó Holstege.

Al igual como pasa con los grandes descubrimientos que daban sentido al espíritu humano, el progreso y la modernidad, lo que menos pretendía el estudio de la universidad holandesa era dar con la relación entre calcetines y lo que los franceses, en su ponderación mega romántica, llaman “la petite mort”. La idea era más bien ver qué sucedía a nivel cerebral cuando la gente “acaba”, “se va”, o “se viene” (dependiendo de la parte de Iberoamérica en que se encuentra).

¿Y qué se descubrió?, que además de la necesidad de usar calcetines para mantener la comodidad, además de una buena temperatura y así incrementar las posibilidades de obtener un orgasmo, ahora se sabe que una vez que esto sucede “todas las regiones del cerebro relacionadas con el miedo o la alerta se apagan, y esto es algo que nunca habíamos visto”, explica Holstege. O sea, cada vez que llegamos al clímax, entramos una especie de trance en que todo es paz, armonía y buena onda. Una cosa así como “el orgasmo es mi copiloto. A su lado nada temeré”.

El sexólogo Mauricio Salas, del Instituto de Urología, Sexología y ETS dice que en el caso de la mujer, “se requiere mucha más preparación síquica para obtener un orgasmo que en el caso de los varones”. Es así como los calcetines y los pies calentitos serían sólo uno de los tantos detalles que dan comodidad y cobijo a las posibilidades femeninas de acceder al clímax.

“No es que los calcetines funcionen por sí solos, si no que hay una serie de cosas externas, que van desde el lugar, la privacidad e incluso el reconocimiento de la pareja para que la mujer se pueda liberar y tener un orgasmo. Pero que quede claro, la mujer es mucho más compleja que los puros calcetines”. En el caso del varón -también conocido como el básico “mutante”- la cosa es más simple: una vez conseguida la erección el resto es una buena dosis de roce, ojalá con los calcetines puestos y, eso sí, los pantalones abajo.
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