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Palabras de Clausura

Lic. Norman Gutiérrez Morgan - Director Ejecutivo

En el Lanzamiento de la Campaña Nacional de Salud Sexual Reproductiva

“Nuevas perspectivas sobre la participación de los hombres en los Programas de Planificación Familiar”

Agosto es un mes de celebraciones importantes –Día Internacional de los pueblos indígenas, personas con capacidades diferentes, la abolición de la esclavitud en Nicaragua, día nacional del medico, día internacional de solidaridad, Lactancia materna -.

Pero hoy celebramos el día internacional de la juventud, y lo celebramos ante un panorama sombrío, donde la recesiòn económica mundial, la contracción interna y la cooperación internacional conspiran para que Nicaragua se aleje de las metas de Desarrollo del Milenio.

Un escenario nacional caracterizado por una dinámica poblacional creciente – en los últimos cincuenta años nos hemos quintuplicado -, donde Hombres y mujeres adolescentes están teniendo su primera relación sexual antes de los 15 años y las mujeres menores de 19 años ya son madres, o están embarazadas.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas calcula que aproximadamente tres de cada siete embarazos en el mundo son imprevistos.  Muchas mujeres con deseos de demorar la llegada de los hijos o dejar de tenerlos dicen que no están usando anticonceptivos debido a que el esposo no lo aprueba.
 
La Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD), celebrada en El Cairo en 1994, recordó al mundo y a los Gobiernos que la buena salud de la reproducción es el derecho de todas las personas, sean hombres o mujeres, y que juntos compartan la responsabilidad en cuestiones de reproducción.

Al hacer énfasis en el género la Conferencia señaló el hecho de que si los hombres quedan fuera de la ecuación relativa a la salud de la reproducción, es poco probable que ejerzan responsabilidad.

En El Cairo se llegó al consenso de que ni las mujeres ni los hombres podrían disfrutar de buena salud de la reproducción si las parejas no pueden hablar de cuestiones sexuales y tomar juntos decisiones pertinentes a la reproducción.

"Por primera vez, El Cairo estableció políticas claras acerca de la participación de los hombres y sentó las bases para que los donantes y los programas en materia de planificación familiar tomaran medidas al respecto".

¿Por qué involucrar a los hombres?


Los hombres tienen menos oportunidades que las mujeres de recibir orientación relativa a la atención de salud de la reproducción.

Los programas de planificación familiar siempre han considerado a las mujeres como sus clientes principales por tres razones: son las mujeres las que quedan embarazadas; la mayoría de los métodos anticonceptivos están diseñados para las mujeres; y los servicios de salud de la reproducción se pueden ofrecer de forma conveniente como parte de los servicios de salud materno infantil.

Los programas de planificación familiar han evitado atender a los hombres porque creen que muchas mujeres necesitan privacidad y autonomía en cuestiones de salud de la reproducción, así mismo han hecho pocos esfuerzos para considerar las necesidades de reproducción de los hombres o para llegar hasta ellos y, como resultado, los hombres tienen pocos contactos con el sistema de atención de salud.

La participación de los hombres aumentaría si éstos tuviesen más oportunidades de hacerlo.

Es de especial urgencia la necesidad de fomentar entre los jóvenes una mayor responsabilidad sexual. Con frecuencia, la actividad sexual comienza a una edad temprana y antes del matrimonio.

Las tendencias conductuales y las actitudes que duran toda la vida suelen formarse en la juventud, abordar las necesidades de los hombres jóvenes puede tener un efecto duradero, si lo hacemos desde las aulas de clases.

Un mayor énfasis en la participación de los hombres respecto a la salud de la reproducción podría ayudar a dirigir la atención hacia la necesidad de hacer más por las mujeres también.

Una mayor participación de los hombres podría ayudar a mejorar los programas de las mujeres porque más hombres entenderían y estarían más dispuestos a apoyar una mejor atención de salud de la reproducción para las mujeres, y para ellos mismos.

La comunicación entre el hombre y la mujer en temas de sexualidad y salud reproductiva es a menudo limitada o inexistente, y ésta es una cuestión que necesita tratarse.
 
Algunas mujeres deciden usar anticonceptivos sin el conocimiento del esposo lo cual pudiera ser un riesgo par ellas de sufrir violencia.
 
El involucramiento de los hombres implica tratar directamente aspectos de la construcción de la masculinidad. De lo contrario las Políticas, Programas y Proyectos en Salud Sexual Reproductiva serán excelentes documentos y bonitos discursos, sin orientación a ese cambio social tan necesario para alcanzar el bienestar en la salud de las familias, la igualdad y equidad entre los géneros.
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